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¿Cómo llegaste a ser CTE en Sener?
Llegar a ser CTE supone un camino que se construye con muchos proyectos, innumerables conversaciones técnicas y, sobre todo, con personas que han sido referentes. En mi caso, una influencia muy importante ha sido mi padre, Fernando Llabrés, ingeniero sénior de procesos, de quien aprendí desde muy temprano una forma rigurosa, honesta y comprometida de vivir la ingeniería. También ha sido clave Jorge Contreras, anterior CTE de mi disciplina, que fue quien me propuso iniciar este recorrido dentro de Sener y de quien he aprendido muchísimo a lo largo de los años. Mi trayectoria ha estado muy ligada a la tecnología de procesos, a la energía y, en los últimos años, al desarrollo de soluciones relacionadas con el hidrógeno renovable y la descarbonización. Me incorporé a Sener en 2005 como becario y, posteriormente, en 2007 pasé a formar parte de la plantilla. Desde entonces, he tenido la oportunidad de participar en proyectos como Gate, AIP (Air Independent Propulsion) para submarinos, proyectos de hidrógeno renovable y otros desarrollos tecnológicos, siempre dentro de equipos que me han permitido crecer técnica y profesionalmente. También entiendo este reconocimiento como algo colectivo: nadie llega hasta aquí solo. Alcanzar este punto de la carrera profesional exige dedicación y sacrificios, también fuera del trabajo diario. Compaginar proyectos en la empresa con docencia universitaria, dirección de TFM, dirección de doctorandos y el desarrollo de una tesis doctoral requiere mucho esfuerzo sostenido. En ese camino, el apoyo de mi familia ha sido una pieza fundamental; sin ellos, habría sido imposible avanzar con la misma dedicación y, al mismo tiempo, no perder de vista lo verdaderamente importante.
¿Cuál ha sido el proyecto más desafiante de tu carrera?
Destacaría especialmente el proyecto Gate, una planta regasificadora de GNL situada en Róterdam. En este proyecto confluyeron retos técnicos, económicos, de seguridad y de escalado industrial, en el contexto de una planta desarrollada en modalidad EPC que debía entregarse funcionando y en plazo. Recuerdo especialmente el trabajo alrededor del relicuador, uno de los equipos clave de la planta, en cuyas fases de concepción, diseño y puesta en marcha tuve la oportunidad de participar. También fueron especialmente relevantes el control de procesos desarrollado y el impacto económico positivo que generó para Sener. El desafío no estuvo solo en demostrar que una tecnología era viable, sino en convertirla en una solución robusta, competitiva y útil para una necesidad real. Ese paso desde la idea tecnológica hasta una aplicación industrial fiable es, probablemente, una de las partes más exigentes y estimulantes de mi carrera.
¿Qué valor crees que aporta el rol de CTE a Sener?
Creo que el CTE aporta a Sener una combinación de profundidad técnica, experiencia y visión transversal interdisciplinar. En mi caso, creo que puedo aportar especialmente en ámbitos como la generación de hidrógeno, los procesos químicos, los combustibles sintéticos, la captura de CO₂, el refino, el gas o la economía circular, conectando conocimiento técnico, visión industrial y necesidades del cliente. Además, el rol tiene una función importante de conexión: entre áreas y disciplinas, entre proyectos, entre generaciones de profesionales y entre la tecnología y la estrategia de la compañía.
Ese paso desde la idea tecnológica hasta una aplicación industrial fiable es, probablemente, una de las partes más exigentes y estimulantes de mi carrera.
¿Cómo impulsas la innovación y el desarrollo del talento?
Intento impulsar la innovación desde una visión muy práctica: identificando necesidades reales, entendiendo qué podemos aportar dentro de Sener y ayudando a madurar las ideas hasta que puedan convertirse en soluciones aplicables y, cuando tiene sentido, también protegibles mediante propiedad industrial. En ese proceso, el talento es esencial. Me parece importante dar a los equipos contexto, confianza y retos exigentes, pero también un acompañamiento cercano. Las personas crecen mucho cuando se enfrentan a problemas difíciles y sienten que tienen cerca a alguien que les ayuda. Además, al compaginar mi desarrollo profesional en Sener con la docencia universitaria, considero que la captación de talento es también un aspecto clave, no solo su desarrollo.
¿Cómo acompañas a los equipos en la mentoría?
Procuro que la mentoría parta de situaciones concretas del proyecto: una duda técnica, un cálculo o un enfoque que conviene contrastar. Acompaño a los equipos ayudándolos a formular bien los problemas, a identificar los riesgos importantes y a tomar decisiones con fundamento. En los últimos años, he desarrollado esta labor especialmente con equipos de perfil júnior, acompañándolos en el trabajo del día a día. Me gusta que la mentoría no consista en dar siempre la respuesta, sino en ayudar a que cada persona desarrolle criterio propio, autonomía y seguridad técnica. También en la docencia universitaria intento dar siempre un carácter práctico a las clases: que la teoría tenga contexto y aplicación, porque creo que se aprende mejor cuando uno se enfrenta a un problema o a un cálculo real y lo resuelve por sí mismo, no únicamente viendo cómo lo resuelve el profesor en un ejemplo. Para mí, la mentoría se basa, sobre todo, en dar un enfoque práctico a la resolución de problemas.
¿Qué habilidad consideras clave transmitir o potenciar?
Para mí, es la pasión por el trabajo. Desde mi punto de vista, esa actitud permite ver las cosas de otra manera: no como una obligación, sino como una oportunidad de aprender, crear y aportar. En ingeniería, y especialmente en procesos químicos, energía e hidrógeno, es fácil dejarse llevar por soluciones rápidas o por intuiciones que no siempre están bien fundamentadas. Por eso creo que es esencial entender bien los problemas a los que nos enfrentamos para poder formular respuestas, sean disruptivas o no. En definitiva, se trata de cultivar la rigurosidad técnica. Esta forma de trabajar la he aprendido especialmente en proyectos de desarrollo tecnológico. A partir de ahí, se construye el criterio técnico que, para mí, es una de las capacidades más valiosas: saber decidir qué es relevante, qué no lo es y qué consecuencias puede tener cada decisión.
¿Qué consejo darías a quien quiere crecer en el ámbito técnico?
Básicamente aconsejo ser perseverantes y curiosos. En mi caso, han sido especialmente importantes los proyectos de desarrollo tecnológico, porque me ayudaron a entender que el criterio técnico se desarrolla afrontando problemas reales. Al final, son realidades que hay que medir en laboratorios y plantas piloto; no valen solo los números. También recomendaría buscar referentes, pedir opinión y participar en los problemas complejos. La carrera técnica requiere constancia, pero puede ser enormemente enriquecedora cuando se vive con vocación y con ganas de aportar valor.
Una de las capacidades más valiosas: saber decidir qué es relevante, qué no lo es y qué consecuencias puede tener cada decisión.
¿Qué tendencias marcarán el futuro en tu especialidad?
En mi especialidad, las principales tendencias estarán marcadas por la necesidad de descarbonizar la industria y transformar el sistema energético. El hidrógeno, los combustibles sintéticos, la captura y valorización de CO₂, la electrificación de procesos y la eficiencia en el uso de materias primas van a tener un peso creciente. Dentro de este contexto, creo que Sener puede aportar conocimiento, tecnología e ingeniería diferencial. Pero el gran reto no será solo tecnológico, sino también industrial: conseguir que estas soluciones sean fiables, escalables, seguras y económicamente viables. En los próximos años veremos cómo muchas tecnologías pasan de la fase de demostración a una fase de implantación más exigente, y ahí será fundamental combinar conocimiento técnico profundo con visión de mercado y capacidad de ejecución.
¿Qué te motiva más de tu labor como CTE?
Lo que más me motiva es la posibilidad de trabajar en retos técnicos que tienen un impacto real. Me interesa especialmente esa combinación entre profundidad tecnológica, trabajo en equipo y propósito: desarrollar soluciones que puedan ayudar a transformar la industria, reducir emisiones de gases de efecto invernadero y generar valor a la sociedad. Pero, si tuviera que destacar una motivación más personal, diría que es aprender. Tengo una gran avidez por el conocimiento, no solo dentro de mi disciplina, sino también en muchas otras áreas técnicas. Me gusta entender cómo funcionan las cosas, conectar conceptos de distintos campos y descubrir cómo ese conocimiento puede convertirse en soluciones útiles. También me motiva acompañar a otros profesionales en su crecimiento técnico, porque muchas veces uno de los mayores impactos que puede tener un perfil experto no está solo en resolver un problema concreto, sino en colaborar para que la organización mejore su capacidad de resolver problemas complejos. La excelencia técnica suma, sin duda, pero las buenas relaciones con los compañeros, la actitud positiva y la generosidad para compartir conocimiento multiplican el impacto de lo que somos capaces de conseguir juntos.
¿Cómo imaginas la evolución de tu rol en los próximos años?
Imagino una evolución hacia una mayor integración del CTE en los retos que requieren combinar distintas disciplinas y conectar las decisiones tecnológicas con la estrategia de negocio. En mi ámbito, creo que esta evolución se verá especialmente en los sectores energéticos renovables y en las tecnologías orientadas a la descarbonización industrial. En ese contexto, el CTE puede desempeñar un papel clave como puente entre la experiencia acumulada, las nuevas tecnologías, los equipos y la visión de futuro de Sener.
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